Boda en el Granero de San Francisco – Monasterio del Espino | Maider & Adrian
Fecha: 14 de junio de 2025
Lugar: Granero de San Francisco, Monasterio del Espino (Burgos)
Pareja: Maider & Adrian
Detalles únicos: sus perros presentes en la boda · intercambio de “anillos” tatuados in situ · chamarras regaladas con dibujos de sus perros · familias y cuadrillas súper unidas · homenaje a la hermana de Adrian · Javilin violín en cóctel y baile

Preparativos con su “manada”
Maider y Adrian llegaron desde Vitoria-Gasteiz con una idea clara: una boda cercana, auténtica y muy ellos. Sí, sus perros formaban parte de la historia, así que les reservamos ratitos tranquilos para que pudieran estar presentes sin estrés. La energía en las habitaciones era la de dos familias muy unidas y dos cuadrillas que llevaban años haciendo camino juntos.
Boda en el Granero de San Francisco
El Granero de San Francisco, dentro del Monasterio del Espino, es de esos espacios que nos piden narrar sin prisas: madera, luz suave y muchos rincones con textura. Maider y Adrian le dieron un giro precioso al ritual: en vez de intercambio de anillos, se tatuaron su compromiso allí mismo. Un gesto valiente, íntimo y 100% ellos, que hizo llorar —de emoción— a casi todos los invitados.
Tip de luz: en este granero la luz lateral funciona genial para retratos rápidos sin parar la fiesta. (Nos escapamos 5 minutos y listo).
Chamarras con sus perros y un cóctel muy musical
Durante el convite llegó una de las sorpresas más “ellos”: a Maider y Adrian les regalaron unas chamarras ilustradas con los dibujos de sus perros. Y la banda sonora la puso Javilin violín, que se encargó de llenar de energía cada brindis y coreo. Más de una vez dejamos de disparar para aplaudir (sí, también disfrutamos cuando la música lo pide).
Un momento para la familia: homenaje a la hermana de Adrian
Hubo un instante que jamás olvidaremos. La hermana de Adrian tuvo que anular su boda por la pandemia, que como podréis imaginar, también nos tocó tanto de cerca, y Maider y Adrian quisieron regalarles su momento en el cóctel: sonó la canción de su baile nupcial y les entregaron una boina y un pañuelo. Pocas veces hemos visto tanto silencio atento y tanto abrazo seguido. El amor, en todas sus formas.
El baile: “lo dieron todo”
El baile de pareja fue puro “¡a por todas!”. Coreografía, risas y ese punto de improvisación que nos encanta fotografiar. Luego, con Javilin todavía encendido, la pista fue una celebración colectiva. Volvimos a robar dos minutos de golden hour entre el granero y las campas para cerrar la historia con un último retrato.

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